
Primero, la base de comparación
Una tabla puede dar valores por 100 g, 100 ml o porción. En la Unión Europea, la información por 100 g o ml facilita comparar; el formato estadounidense explicado por la FDA parte de una porción. Lee siempre el encabezado y cuántas porciones contiene el envase.
Un cálculo repetible
Ejemplo inventado: un producto de 180 kcal por 100 g aporta 270 kcal en 150 g. El mismo factor, 1,5, se aplica a proteínas, grasas y otros valores. Si la etiqueta describe el producto preparado, comprueba que esa preparación corresponda a la que tú utilizas.
Mirar más que las calorías
Compara fibra, sal o sodio, grasas saturadas e ingredientes según la decisión. Un porcentaje del valor diario es una referencia general del sistema de etiquetado, no una medida de tus necesidades personales. Las normas y valores cambian entre países: no supongas que todas las etiquetas emplean el mismo marco.
Una secuencia para comprar
Ante dos productos similares: comprueba las unidades, compara la misma cantidad, lee ingredientes y considera la porción que usarás. Una cifra aislada no describe toda tu alimentación. Si tienes alergias, revisa siempre las indicaciones específicas del envase: comparar nutrientes no es una comprobación de seguridad sobre alérgenos.


